Si hay algo de positivo en todo esto que os he contado en la anterior entrada es que desde hace algo más de dos décadas, ese mismo gobierno ha intentado mejorar las relaciones con el pueblo aborigen, y ha retornado algunas de las tierras a sus pobladores iniciales, estas se han declarado reservas o parques nacionales en las que se intenta favorecer la existencia únicamente de flora y fauna local australiana y donde el pueblo aborigen gestiona el parque. Pero tantos años de represión y crueldad no van a desvanecerse en unos pocos años, y las poblaciones aborígenes que vivían en territorios que hoy son ciudades no han tenido tanta suerte, pasando el tiempo en lo que ahora son calles, plazas y zonas de recreo, anhelando lo que una vez fue su tierra. La cultura aborigen o Koori tiene su base en la creación y la historia de la tierra y de su gente. A menudo a esta creación Buwurr se la ha traducido como Dreaming o Dreamtime. Cada individuo es descendiente de algo natural, como parte del espíritu que habita la tierra. Antes del asentamiento europeo existían cientos de grupos con diferentes lenguas y rituales, con diferentes lugares y tierras sagradas. Todas ellas vivían en harmonía con la naturaleza, debido a su compartida creencia de que cada parte de ella había sido otorgada a cada tribu en el Dreamtime. Este concepto abarca complejas ceremonias y relaciones de parentesco, sofisticadas formas de comportamiento, fusionando canción, danza, pintura corporal, religión e historia. Todo ello simboliza la eterna presencia, las actividades y la impredecible influencia de los creadores de todas las cosas y las leyes para interactuar entre ellos y con la tierra, donde cazar, donde está la comida y el agua, los ideales parejas para el matrimonio…
Son custodiadores de esas tierras desde su creación. Los diferentes grupos comerciaban unos con otros, los hombres cazaban y pescaban mientras las mujeres recolectaban semillas y raíces. Utilizaban la madera para la construcción de sus casas, armas e instrumentos y la pintura, la música y los rituales formaban parte de su vida cotidiana. Son estos los elementos que mayoritariamente despiertan la admiración de los turistas que viajan a Australia y por tanto son piezas estrella en el motor turístico-económico del país, y que el país explota bastante, pues no faltan en ninguna tienda de souvenirs australiana. No obstante, muchos de los descendientes que los usaron, y que puede que aún sigan usando, hoy viven en las calles de las ciudades que el europeo construyó, intentando resistir a someterse a las reglas que éstos les impusieron en sus tierras, siendo ignorados por los australianos y vistos por algunos de ellos como gente alcoholizada y sin un fin para con la sociedad. Paradójico mundo de contradicciones. Otros sin embargo, han pasado por el aro y se han adaptado al sistema, se han formado en el modelo de educación anglosajona, tienen un trabajo y viven como el resto de la población.
Que daño hizo al pueblo aborigen, la declaración de terra nullis de los británicos, llegaron al país, y como estas comunidades no tenían agricultura o ganadería o especias o piedras preciosas que usurpar, como no vivían como ellos ni iban vestidos, no fueron considerados personas, y declararon la tierra inhabitada dándose vía libre a la adjudicación de todo el territorio, exterminando todo rastro de esta cultura a su paso. Como ya os he dicho antes, tristemente proceso bastante común por desgracia, en la historia de las colonizaciones europeas… Lo que sorprende aquí es que aún en los años 30 o 40 el gobierno australiano quitaba los hijos/hijas a las madres aborígenes y los llevaban a una especie de campos de concentración. Seguían el clásico mecanismo genético para erradicar una raza, buscaban incluso a los hijos mestizos de piel más blanca, muchos resultado de algunas violaciones de mujeres aborígenes para así agilizar el exterminio. Las generaciones robadas las llaman, the stolen generations, muchos de esos hijos nunca más supieron de sus padres. Aunque pensándolo bien, puede que no sorprenda tanto si recordamos que estos años son también tiempos de duras guerras y severas dictaduras con similares métodos de represión contra otras razas y culturas en otros países europeos. Muchos clanes o mowurrwurr han desaparecido en el transcurso de la historia australiana, pero aún quedan algunos en la zona norte del país. Y tan solo hace dos o tres años que el gobierno australiano emitió una disculpa pública al pueblo aborigen por el comportamiento pasado. Pero algo en estos años, como ya he mencionado anteriormente ha mejorado. Desde que el gobierno australiano aprobó una ley (Mabo) que dice que si las poblaciones aborígenes podían demostrar una continua conexión con la tierra y el medio, podrían reclamar esa tierra como suya, algunas tierras han sido devueltas a sus verdaderos propietarios. Tal es el caso del parque nacional Nitmiluk, tierra que fue devuelta a los Jawoyn en 1989, herencia que ahora comparten con todos sus visitantes. Magnífico paisaje el de Leliyn (o río Edith) y sus cascadas, del río Katherine y sus acantilados. O el parque nacional de Kakadu, territorio devuelto a los Bininj/Mungguy. Hay sitios concretos especiales que además son sagrados para la cultura aborigen, porciones del paisaje que son reencarnaciones de los ancestros del Dreamtime, pilares muy importantes en su cultura. Tal es el caso de Uluru, esa gigantesca roca roja en medio del desierto del centro de Australia, que sale en muchas fotos, a la cual iré la semana que viene, también ha sido otorgada de nuevo a sus gentes.
Estas poblaciones locales forman parte de la gestión de la reserva o parque, participando activamente en ella. Está claro que los tiempos han cambiado y nada podrá volver a ser como hace 200 años, puede que haya que adaptarse a la forma de vida actual y al turismo, encontrar una convivencia entre estas dos culturas que sea justa y puede que este sea una buena manera de hacerlo. No creo que deba ser yo quien lo juzgue.
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