lunes, 25 de abril de 2011

Darwin, mezcla de culturas y tierra de cocodrilos...

Desde la ventanilla del avión observas el mar tropical y parece que empiezas a intuir el calor, pero es sólo eso, pura intuición, no tienes ni idea de lo que eso significa hasta que desembarcas, entonces sí que la bofetada que te pega te hace darte cuenta, y si encima vas vestida con vaqueros y manga larga no tardas ni un segundo en quitarte mangas...Mientras te montas en el único autobusito que te lleva a la ciudad y que opera sólo cuando hay vuelos y te lleva directamente a tu alojamiento, tu cuerpo empieza a poner en marcha el mecanismo acelerado de adaptación al nuevo ambiente, experimentar un aumento de 30 grados de Tª  en unas cuantas horas no es cosa sencilla...Cambio radical, rápida transformación de vestuario, fuera vaqueros, polar, chaqueta y botas de montaña y búsqueda de aquellas camisetas de tirantes, pantalón corto y chanclas que metiste en su día en la maleta y que aún no habías usado. Paso de la calefacción nocturna necesaria de Canberra si querías no sufrir principio de congelación al aire acondicionado imprescindible para poder dormir por las noches en Darwin. Permutación de los canguros y eucaliptus del sureste Australiano por cocodrilos de mar y palmeras y plataneras del norte tropical australiano. No sé si tiene algo que ver el que el aeropuerto de Darwin se llame Palmerstone...
Pero como todo cambio y nueva situación tiene su encanto. Aunque también tengo que contaros que es una ciudad bastante turística plagada de resorts, lo cual puede carecer de sentido teniendo en cuenta que uno no se puede bañar en la playa, a menos que quiera experimentar ser  alimento de  cocodrilos por unos instantes..Pero como podreis imaginar todo está inventado, que no pueden bañarse en la playa, no se preocupen señores turistas que rápidamente fabricamos una, y encima con olas... Y sólo por 16 dólares el día...Si no les gusta eso, pueden bañarse en la pequeña zona habilitada al lado del puerto, llamada waterfront con una bonita fuente en medio...Menos mal que tenemos una piscina pública justo al ladito de casita, la cual pienso hacerle mucho uso, pues aquí mantenerse en remojo en las horas de más calor sobre todo es bastante importante...
A medida que asciendes por el territorio australiano, se hace más patente la existencia de población indígena, y por tanto aquí en Darwin vive mucha parte de ella, antiguamente vivía muy ligada a la costa, pesca y explotación de recursos naturales ligadas a ella, ahora esto es ya un poco difícil...
Auqnue algunos de ellos han encontrado una manera de subsistir, a través de su arte, la pintura y la confección de cestos y otros utensilios, conocimientos que les fueron transmitidos por sus familiares y que ahora son objetos de compra de los turistas... En casi todas las calles puedes ver a los magníficos artistas aborígenes plasmando su arte a las puertas de las galerías de arte, pues hay bastantes, y además puedes leer sus historias y como aprendieron lo que saben...Los motivos sobre el Dreaming (de ello os hablaré en la siguiente entrada) son espectaculares y de vistoso colorido...Y a ello, como a casi todo en todas las culturas, se liga la música. Su instrumento estrella, el didgeridoo, sólo pueden tocarlo los hombres, si las mujeres lo hacen, pueden quedarse infértiles y por eso a ellas no les está permitido. En vez de ello, acompañan el sonido del instrumento rey con otro, los clapsticks, aunque este también pueden tocarlo los hombres...
Las primeras impresiones que tengo de Darwin, fusión...Fusión de la cultura aborígen con la angloeuropea y la asiática, nada extraño si tienes en cuenta que geográficamente, estamos pegados a Indonesia...

sábado, 23 de abril de 2011

En Sidney, la noche de sábado se viste de fiesta...

Después de unas 2 semanas de vida en la vasta y extensa capital, donde las distancias pueden hacerse interminables, hemos pasado un efímero pero intenso fin de semana en Sidney... Aunque ciudad en su pura esencia, es bastante cómoda de recorrer andando y todo está relativamente cerca. Pasamos el día paseando por los abarrotados mercados de Paddis y Hay y la noche en el puerto. La noche del sábado en Sidney es especial, ponerte tus "mejores galas" (lo pongo entre comillas porque ya podéis imaginar que no metí mucho de esto en el macuto y se ha hecho lo que se ha podido), para salir por el puerto y ver la ópera House y el Harbour Bridge mientras disfrutas de una magnífica cena en algún restaurante o de unos cócteles con tus amigos, a pesar de salirte un pelín caro, como todo aquí, puede merecer la pena...Y si encima es semana santa, y todo el mundo está de fiesta y hay festivales gratuitos por toda la zona de Darling Harbour y Cockle Bay, la salida nocturna se hace obligada...El ambientazo que puede llegar a formarse es impresionante...Pero este se forma a partir de las 6 de la tarde, cuando se cena, y como toda noche aquí, se hace corta...
Desde el altavoz escucho mi vuelo, me dirijo a Darwin, al norte del país, zona tropical, en busca del calor, ciudad costera, océano índico, pero plagada de cocodrilos..Así que habrá que buscar alternativas al baño en la playa para refrescarse...

lunes, 11 de abril de 2011

En ACT, es decir, Canberra.

Después de un magnífico final de proyecto el viernes en Hamilton, maravillada tras la observación de los canguros en su hábitat natural, pues al principio se quedan inmóviles, y a los pocos segundos, cuando has traspasado lo que ellos consideran su distancia de seguridad, empiezan moverse dando esos asombrosos saltos a dos patas, me despedí del estado de Victoria, contemplando un espectacular anochecer desde el laguito de esa encantadora ciudad, una terapia ideal para cargar pilas, sobre todo si se avecina un sábado 100% viajero como era el caso. A las 5.30 h de la mañana sonaba el despertador, después de un autobús y tren y llegada a Melbourne y de otro autobús y avión y llegada a Sidney, pude comprobar cómo estas dos grandes urbes australianas tienen una multiculturalidad considerable. Si en Hamilton el 100% de sus habitantes es de origen inglés, en éstas reina la diversidad, aunque creo que la gente asiática es la predominante. También se puede ver a algún aborígen, que es como aquí llaman a las personas de las tribus indígenas que ya habitaban en Australia cuando los británicos llegaron en 1788. Después de pasar una tarde en Sidney, en la que me sobraban las mangas largas y la chaqueta, pues aquí el cambio de clima es tajante y el calorcito se nota bastante, cogí el autobús que me llevó a Canberra, la capital australiana, aquí llamada también ACT (Australian Capital Territory). Aunque mi primera imagen de la ciudad fue nocturna, Canberra no te deja indiferente. Es una ciudad totalmente distinta a lo ya conocido, a diferencia de todas las demás ciudades importantes que son costeras, esta es una gran ciudad en medio del campo. Si bien Sydney tiene 4 millones de habitantes y Melbourne unos 3, Canberra tiene 350.000 habitantes. Su estructura no se asemeja en nada a una estructura urbana típica como la de Melbourne o Sydney. La verdad es que los australianos no podían decidirse por ninguna de las dos a la hora de elegir su capital y decidieron establecerla a media distancia más o menos entre las dos. Además Canberra en la cultura aborígen significa punto de unión. Canberra es una ciudad diferente, una gran ciudad en medio del campo con una estructura también de ciudad rural, calles muy anchas y verde por todos sitios. Aunque llena de monumentos, galerías y museos, la mayoría de estos edificios son bastante recientes y modernos, y su entrada a ellos es casi siempre gratuita. No soy muy experta en arquitectura y que me perdone el sector de amigos arquitectos que siguen el bloc, no quisiera decir ninguna barbaridad, pero a mi parecer tiene como una estructura radial. En el centro está el Capitol Hill, de estructura circular, dónde está el Parlamento con la gran bandera australiana ondeando en todo lo alto. De ahí se irradian las avenidas entre las cuales encontramos algo parecido a edificios ministeriales, las cortes y otros archivos importantes del país, así como museos, parques y muchas banderas, también sea dicho. Luego se cruza el lago por una de esas avenidas, llamado Burley Griffin, en homenaje al arquitecto americano que diseñó la ciudad a principios del siglo XX para llegar al centro de la ciudad también circular que se denomina Civic, dotado de calles comerciales con edificios altos como los que conocemos, que lo circunvalan. A partir de ahí se esparcen los distintos barrios residenciales, el mío se llama Ainslie y nuestra casita, similar a la que tenía en Hamilton, está a unos 20 minutos del centro. Por suerte tenemos un barrio vecino bastante comercial y dotado de servicios, correos y biblioteca desde la que os escribo, Dickson, en la que existe una gran variedad de restaurantes asiáticos de todo tipo, he podido comprobar que aún siendo menos poblado, Canberra también se puede decir que es multicultural. Creo que es la primera vez que digo esto, pero esta ciudad es la primera capital de un país en la que viviría, me encanta su estructura, llena de parques y zonas verdes...Quizás es porque no es una ciudad como las otras que conozco. O quizás también ayude, el que Canberra huela a deporte, se respira vida sana en sus senderos y en sus parques, siempre ves a gente andando, corriendo, yendo en bici o haciendo kayac en el lago. Además está flanqueada por la Black Mountain y el Mount Ainslie, a los que puedes ir de excursión caminando y desde los cuales se obtienen unas vistas panorámicas de la ciudad impresionantes. Aunque Canberra, no se salva igual que Sidney ni Melbourne, de tener unos semáforos para peatones para mí un tanto extraños, resulta que normalmente están en rojo y tú debes pulsar un botón en el poste para que se ponga verde, suena un pitido repetitivo unos instantes y a continuación parece que se tiene que poner verde…. Pues depende, no me preguntéis de qué, pero a veces se pone verde en seguida y a veces esperas una eternidad y finalmente se pone verde, y a veces nunca se pone verde pero el semáforo de los coches sí se ha puesto rojo y se han parado, y se supone que debes pasar. Si a eso le sumas que aquí ya a las 6 de la tarde es de noche y que en Canberra, la actividad animal marsupial que vive en los árboles de la ciudad se activa al anochecer, emitiendo una serie de ruidos varios, tienes un paseíto de vuelta a casa la mar de excitante. Eso si no te quedas enredado en una de las múltiples telas de araña que se encuentran por doquier, pues en toda Australia, las señoras arañas igual que las hormigas son de un tamaño considerable, y es chocante ver el grosor de sus telarañas y lo rápido que las tejen, aunque igual no resulta tan extraño pues con ese tamaño…Si por suerte logras hacer el paseo de día, puedes disfrutar de cómo les sienta el otoño a los árboles de aquí, las hojas caen, pero antes, muchos tipos de árboles adquieren unas tonalidades anaranjadas rojizas bellísimas.
Ayer fui mi primer día del nuevo proyecto, a 40 km de Canberra, en las montañas, con unas vistas impresionantes, en pleno bosque autóctono australiano, en el que predomina el eucaliptus (existen más de 900 especies distintas en toda Australia), se encuentra Tidbinbilla. En la cultura aborigen, un lugar en el que los niños experimentaban su conversión espritual a hombres. Allí se llevan a cabo actualmente programas de conservación de un tipo concreto de marsupial, el Southern Brush-tailed Rock-wallaby y de una especie de rana, la northern Corrobore Frog, de la que casi no existe ningún ejemplar en libertad, además de ser una reserva natural de canguros (es espeluznante la cantidad que hay y al estar acostumbrados a la presencia humana, los tienes muy cerquita), koalas y otros muchos marsupiales. Y como colofón también siguen un programa de conservación de los enigmáticos ornitorrincos. Estos interesantes animalitos ocupan un lugar muy antiguo en la evolución, son acuáticos y tienen una especie de pico, pero piel en vez de plumas, y ponen huevos, pero también amamantan a sus crías…Realmente increíbles…

lunes, 4 de abril de 2011

En el estado de Victoria aún...

Estamos en los proyectos hasta las 4 de la tarde. Podría parecer que tenemos toda la tarde libre, pero lo cierto es que aquí la vida se acaba a partir de las 5. Los comercios cierran así como demás centros cívicos, correos y bibliotecas. Los horarios son ingleses, hasta la fecha el modo australiano que conozco, es muy similar al inglés, lo cual es históricamente lógico. Y como algunos podréis imaginar la cocina también lo es, los hábitos y los horarios de las comida. Aunque ya me voy acostumbrando al morning tea, a comer a la una, aunque no he aguantado más que una semana de sándwich y ahora me llevo ensaladas de lo que sea y a cenar a la hora de la merienda. Hay  una cosa a la que no cuesta acostumbrarse y es a las barbacoas, es muy típico aquí hacerlas sobre las 6 o las 7 para cenar, son públicas y gratuitas y están por todas partes, parques, lagos, cualquier espacio es bueno y están muy bien equipadas, con sus mesas y sillas y de su mantenimiento se encarga la comunidad. El jueves pasado, hicimos una junto a las cataratas de Wannon, fue espectacular el cenar entre la naturaleza, sorprendida por el terrible e histérico sonido de las decenas de cacatúas que nos rondaban.
La otra tarde después del trabajo fuimos a Portland, está en la playa y ha sido uno de los puertos atuneros más importantes de Victoria hasta hace poco tiempo, las focas lo saben de sobra y se las puede ver merodeando entre los barcos pesqueros para acechar el pescado que se cae accidentalmente de los buques o a veces es mas el que les cae a propósito, pues es difícil resistirse a la tentación de no echarles ninguno.
El viernes por la tarde me fui a Warrnambool, una ciudad costera, con una bahía espectacular, es impresionante lo diferente que es el turismo aquí y lo diferente que explotan los valores naturales, está claro que tienen servicios para los turistas y las zonas han sido modificadas, con paneles informativos en las zonas de interés pero intentan dañar lo mínimo el paisaje y si lo hacen lo hacen de una manera lo más harmónica con la naturaleza posible. Accedes a la playa, a través de la pasarela que la bordea por detrás por las zonas habilitadas y cuando entras ves la playa tal cual, exclusivamente playa, nada más, es impresionante. Protegen sus dunas y a cada pocos metros encuentras carteles que te recuerdan que hay una vegetación que no debes pisar y solo debes caminar por la pasarela. Creo que ayuda el que aquí la gente tiene otra cultura, es más cívica, muy acatadora de normas, todos las cumplen y todo se mantiene perfectamente. Es curioso ver la cantidad de baños públicos que tienen, lo cual es una gran ventaja para los viajeros que pasamos tanto tiempo fuera, y las buenas condiciones en que se mantienen, sin pintadas, limpios y siempre con papel. Warrnambool es la ciudad donde empieza la Great Ocean Road, carretera que me llevó a ver los doce apóstoles y demás portentos naturales que el mar es capaz de esculpir tras años y años de erosión de los acantilados. Una gran maravilla, había imaginado muchas veces como serían en realidad, pero su visión al natural ha superado todas mis expectativas, hay que decirlo, la madre naturaleza es un genio. Una vez más, toda esta zona, es un parque nacional protegido, con accesos a todos los parajes costeros, rocas y demás,  sus escaleras, sus pasarelas, sus paneles, pero de una forma muy harmónica. Y a pesar de ser un sitio turístico, creo que está explotado de una forma racional, y a pesar de que recibe muchos visitantes y se colapsa bastante, fui afortunada hasta en eso, quizá porque el día pintaba lluvioso y los demás turistas prefirieron quedarse en el hotel….