El mirar a través de la ventana del avión se hace cada vez más constante, nuestros ojos buscan desesperadamente la imagen imponente de esas dos grandes elevaciones de tierra roja que son el emblema del país. El comandante anuncia que vamos a tomar tierra, a medida que nos vamos acercando aguardamos impacientemente el momento, y casi a puntito de aterrizar, ahí están, ahí se nos presentan, Uluru y Kata Tjuta. Que paisaje tan maravilloso, es zona de desierto, pero no imaginemos el Sahara y su sistema de dunas de arena clara, aquí es roja y hay bastante vegetación, especialmente este año que ha sido muy lluvioso, es lo que se denomina una zona semiárida, donde llueve, pero el agua se evapora más rápido que se filtra.
Al bajar del avión vuelve a hacerse necesaria la chaqueta, la temperatura ha vuelto a descender, pero esta vez solo 15 grados. Estamos en el recinto de un parque nacional, en la tierra de un pueblo aborigen, los Anangu, tierra que se les devolvió en 1985 y a cambio de su retorno, éstos se la alquilaron al gobierno por 99 años, es una especie de gestión conjunta, que ellos llaman “joint management”. A pesar de que inicialmente al llegar tiene toda la pinta de una zona muy turística, pues recibe unos 400000 visitantes por año y se ha construido una especie de ciudad resort artificial denominada Yulara a unos cuantos kilómetros de las elevaciones para alojarlos, a medida que te vas alejando y coges la carretera empiezas a disfrutar del paisaje desértico, que incluye dromedarios viviendo en libertad, y empiezas a sentir la magia, el poder que ejerce sobre ti semejante paisaje natural. Es indescriptible, yo aún no acabo de creérmelo, no consigo hacerme a la idea de que estoy aquí, no parece real, ni creado artificial puede igualarse. Hoy hemos estado en Kata Tjuta como se llama el lugar en aborigen, significa muchas cabezas, los australobritánicos la llaman The Olgas, y son 36 elevaciones o especies de rocas rojas redondeadas por la erosión. Fueron resultado de la sedimentación de aguas que se secaron, y la erosión durante tanto tiempo ha hecho el resto, son impresionantes, la más alta casi 600 m que se elevan desde la nada, pues el resto del paisaje, excepto Uluru (Ayers Rock la llamaron los británicos), que se distingue a lo lejos, es plano. Nosotros nos alojamos en territorio aborigen, lejos del resort, a pie de Uluru, en lo que se llama Mutijulu Waterhole, donde vive la comunidad aborigen, área prohibida para los turistas. Compartimos espacio con lo que aquí se llaman “rangers”, lo que vendrían a ser agentes de medio ambiente que trabajan en el parque, de hecho nos alojamos en unos búnqueres que ellos construyeron para esta ONG. Unos búnqueres que están bastante bien, todo sea dicho. Nuestro salón está al aire libre. Ya veréis las fotos. No obstante, estamos aislados, sin conexión telefónica apenas, para alcanzarla hay que hacer malabarismos desde una de las barandillas, y no os digo nada acerca de la de internet. Hay que desplazarse a Yulara, con lo cual dependemos de que nos lleven, y hoy finalmente hemos podido dar señales de vida virtuales. Pues no se nos permite salir del recinto donde vivimos, la comunidad está llena de perros asilvestrados hambrientos que son peligrosos y al estar en una comunidad aborigen hay muchas zonas a las que no podemos acceder ni estamos autorizados a visitar. Resulta interesante vivir así, todo un reto para un culo inquieto como yo. Pero no pasa nada, la belleza y magia de este lugar, os aseguro que compensa, superando con creces mis expectativas, esto es impresionante. Ver los diferentes colores que adquieren las rocas al amanecer, a plena luz del día, durante la puesta de sol, en la noche junto a las estrellas es magnífico.
Uluru es una de los monolitos rocosos más grandes del mundo, podríamos decir que es como un iceberg, nosotros sólo vemos la punta, que se eleva unos 300 metros sobre el suelo, pero bajo tierra tiene unos 6 km de profundidad. Es un lugar de vital importancia para la cultura aborigen, y hay muchas partes de ella a las que no tienes acceso, y aquellas a las que tienes a veces no puedes fotografiar, las rutas y los caminos están muy marcados, los turistas tienen accesos limitados, esto también ocurre en Kata Tjuta. Puedes escalar Uluru, de hecho hay gente que lo hace, pero el pueblo aborigen te pide que no lo hagas por respeto a su cultura.
Otra vez estamos en un parque nacional, el respeto y el trato a la población aborigen de esta zona es totalmente distinto al que se experimenta en las ciudades, muy diferente al que a veces percibí en Darwin. Cuánto más cerca de las ciudades están estas poblaciones aborígenes, más dañadas y fragmentadas están sus estructuras sociales, lenguajes y cultura.
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